martes, 4 de octubre de 2011

Paralelamente Cómplices - Larry (II)

Jueves 03:45.

El sonido rítmico del tren comienza a acelerarse e incluso comienza a subir una pequeña cuesta, lo que me hace intuir que debemos estar en un lugar empinado, o por lo menos nos dirigimos a un lugar elevado.

Intento decidir que hacer. No puedo soltarme. Mis manos y mis pies están atados. Una cuerda en vertical los une. ¿Qué ha pasado? ¿Donde está Margaret? Seguro que ahora mismo, se está burlando de mi o está en su cama de hotel, relajada y durmiendo para ir mañana a los ensayos de la obra. Espero que en ese momento me eche de menos y me busqué, aunque sabiendo como es ella, seguro que mi ausencia la adjudicará a alguna noche de borrachera, sexo y alguna que otra pelea callejera… Pero para ser sincero, comienzo a preocuparme. Últimamente no nos estamos llevando lo mejor posible y todas estas redecillas nos han llevado a no ser un buen equipo. No hace falta más que mirar en la situación en la que me encuentro ahora. Lo sé, lo sé, pero todos mis problemas personales no me dejan actuar como debería. Observo el lugar y una cosa me distrae de mis pensamientos hacia Margaret. Otro cuerpo se  encuentra en la otra esquina del vagón. Intento estirarme, pero las cuerdas me lo impiden. ¡Ahora lo recuerdo! El cinturón que llevo puesto tiene uno de los bordes afilados. Lentamente giro con mis manos el cinturón hacia  la espalda hasta encontrar la hebilla. La tengo. Rozo las cuerdas con fuerza. Los hilos se deshilachan poco a poco. Estoy a muy poco de soltarme. ¡Gracias Prada por esta colección de complementos tan útil! Unos empujones más y lograré soltarme. De repente, el sonido de una automática CY67 y una voz me hablan desde la esquina opuesta a la mía. Somos al menos tren en este vagón.

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