domingo, 6 de diciembre de 2009

¡Tengo que ir a por el tinte!


Las melodías de aquellos pianos antiguos subían por el patio de luces llenándolo de voces de jolgorio y diversión. Parecía más una conversación musical, que obras maestras tocadas por verdaderos profesionales, un regalo para los asistentes y residentes.
Mientras, una joven danesa posaba su cabeza puerta por puerta para volver a escuchar, aunque fuese solo por unos segundos, aquella melodía.

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